A pesar de todo, su amor es la danza

Jhoraisi Peña

DE CERCA│ Ramari Barceló nos cuenta los sacrificios que implica ser una bailarina de ballet clásico

Sin remordimiento, comenta, que iba poco a la playa, que salía poco con sus amigos, pero que hoy en día recoge los frutos de aquel esfuerzo pues es la encargada de enseñarle a niñas de corta edad el secreto de la elegancia en el ballet

Caracas.- La danza en Venezuela se practicado desde siempre en los más diversos escenarios: desde nuestras comunidades indígenas hasta las urbes más desarrolladas que mantienen, aun en el siglo XXI, un fuerte arraigo por su historia cultural y musical. Sin embargo, el ballet, estuvo representado por muchos años sólo por compañías de danza extranjeras que venían de gira a nuestro país. Fue hasta 1945 cuando Hery y Luz Thomson (ambos argentinos) propusieron al Liceo Andrés una Cátedra de Ballet. Esta primera iniciativa tuvo unos cuantos tropiezos, pero la danza como instinto natural del ser humano, prevaleció. El proyecto continuó, esta vez de la mano de David Gray. Sin saberlo, estos tres bailarines formaron a grandes artistas que más tarde se convertirían en pioneros del ballet clásico nacional a nivel profesional. Incluso, muchos de ellos lograron becas en las más reconocidas escuelas de danza del país como Vicente Nebreda e Irma Contreras.

            De este modo comenzó la danza a consolidarse en nuestro país. Cientos de artistas (unos reconocidos por nuestra historia, otros no tanto) han dejado su alma en cada elevación, en cada punta. Su formación es de las más complicadas del planeta, aun cuando sean los más destacados en la disciplina no reciben nunca un cumplido de parte de sus docentes. Sólo los aplausos de un público conmocionado es el premio que reciben tras años de preparación. Muchos desertan, otras continúan por considerar ésta una manera de vida. Los más osados se van del país con una maleta de sueños para regresar con la satisfacción de haber dejado el nombre de Venezuela en lo más alto.

Ramari Barceló      

Una de esas artistas anónimas es Ramari Barceló o Rami como le dicen los amigos más cercanos. Con más de 1.75 de estatura, ojos almendrados, y una tez blanca infinita recuerda que llegó a la danza por recomendación de un doctor y terminó graduándose como bailarina profesional después de estudiar durante diez años en el Teatro Teresa Carreño. El musical “Le Corsaire, Pas de deux” prestó su compás para su graduación de en la Sala Ana Julia Rojas de la Universidad Experimental de las Artes (UNEARTE). Sin duda, un momento que jamás olvidará.

“La niña de la casa”, como le dicen en la intimidad del hogar, ya cumplió 17 años en la danza y tan sólo 21 en la vida. Su hogar está decorado con cientos de detalles navideños en las puertas, muebles, mesas y cortinas que sirven de antesala a un árbol de navidad que giraba para dejar ver su hermosura. Todo esto como muestra de una familia tradicional. En esta época, cuenta, que es costumbre se reúnan para hacer la comida típica: hallacas, pan de jamón, dulces, entre otras delicias.

            Tras 17 años de experiencia en la danza, comentó, que su mejor momento como bailarina, ha sido su primera presentación con zapatillas de punta. Mientras que, el peor, afirma, se enfrenta todos los días “porque hay mil detalles que atender: la dieta, el vestuario, la coreografía. Todo tiene que estar perfecto”.

¿Sacrificios? ¡Muchos! Confesó que como bailarina queda prohibido ir a bailar de noche, pues en la mañana siguiente no puede presentarse agotada a los exigentes ensayos; tampoco puede ir a la playa o a la piscina con libertad porque no puede broncearse si tiene alguna función.

A pesar de todo, su amor es la danza. Tras tantos años de ensayos confiesa no aburrirse pues, la emoción de aprender algo nuevo todos los días es más fuerte que la rutina. Asegura que a la danza “ya le agarre amor”.

“Escogí la danza por su complejidad, muchos son bailarines en el género urbano, pero en danza clásica hay muy pocos”, afirma con orgullo. Cuando se le preguntó por su bailarina favorita, se quedó en blanco. Minutos después, en medio de carcajadas recordó el nombre: Francesca Dugarte. Esta bailarina caraqueña ha dejado en éxtasis a cientos de espectadores en los mejores Teatros de Milán. Es  por esto que la admira.

Dedica sus mejores coreografías a su madre y a su hermana que han estado con ella en cada paso en puntas.

Una maleta de sueños

En torno a su próxima partida del país, comentó, “no quiero llegar a vieja y decir… Pude haber probado suerte en otro país. Quiero tocar todas las puertas. No tengo nada que perder”. Planea irse a Inglaterra el año entrante de la mano de la danza. Ella será su mejor aliada y compañera para conquistar el sueño de casi toda una familia: Verla danzar.

Lleva una maleta de sueños en donde también hay lugar para la disciplina, la elegancia, la seguridad, la fuerza, y la actitud. Todas estas armas que una bailarina necesita ante cada función. No olvidemos, la sonrisa, presente en cada paso, sin importar cuán casada esté, cuán feliz este.

Aunque estudia Comunicación Social, su mayor distracción son sus niñas, las alumnas de danza en la Escuela de Baile Tatiana Reyna. Sobre ellas comenta que son un amor y una pesadilla porque “cuando una llora, todas lloran; y cuando una grita, todas gritan”. Sin embargo, asegura que ha sido una de las mejores experiencias de su vida.

Sin las zapatillas

Ramari, se presenta como una chica muy familiar. Para ella resulta muy importante compartir con su madre, su hermana y sus amigos. Son momentos para reír, bailar, como “cualquier chica normal”. Cuando pregunté por su padre, respondió: “Marisol Caraballo es mi mamá y mi papá”.

Un recuerdo inolvidable en la infancia de Ramari fue en la navidad junto a todos sus hermanos. Confiesa que casi nunca comparte con ellos y ese momento es, para ella, único en su vida.

Sin pena habla de sus relaciones amorosas, de las caídas, de las alegrías. Cuenta que tras una larga relación se ha mantenido soltera pues “a veces es mejor estar solita”. Cuando se le pregunta sobre si espera pronto una relación de pareja dice que no tiene ningún apuro.

Como muchas bailarina, contó que no le gustan sus pies, pues después de tanto ensayar toman una forma redondeada. Sin embargo, ese no es motivo para dejar de usan sandalias para salir. Si le gustan algunas, las luce.

            Preguntas cortas, respuestas cortas

¿Un color? Rosado

¿Un país? Inglaterra

¿Un olor? El perfume de un hombre

¿Un sueño? Tener un carro (risas)… ¡Ah! Y graduarme

¿Un amor platónico? Oscarcito

¿Una canción? Rayando el sol de Maná

¿Qué te hace llorar? Algún familiar o amigo que sufra

¿Qué te hace reir? Jorge Cortez, me hace reír desde el “Hola” hasta “Chao”

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