Roger Pacheco,  director de la organización Animanaturalis en Venezuela, expresó que las leyes deben proteger a todos los animales por igual

“No hay que atacar a quien maltrata al animal, sino hacer que cambie” 

El activista indicó que los animales no deben ser usados para la experimentación, alimentación, vestido o entretenimiento, y agregó la gente debe comenzar a  sensibilizarse por lo que pasa a su alrededor

Por Eileen Rada

El maltrato animal es un problema que sigue latente en nuestra sociedad. De allí ha surgido la necesidad de crear organizaciones que velen por el cumplimiento de los derechos animales. Venezuela cuenta con instituciones no gubernamentales que garantizan el cumplimiento de las leyes que los protegen a todos por igual. Entre ellas se encuentra Animanaturalis, una organización fundada en Barcelona, España.

Animanaturalis tiene sede en Venezuela desde el año 2006, y actualmente es dirigida por Roger Pacheco Eslava, quien también preside la Asociación Antitaurina de Venezuela y es vicepresidente de la organización ecológica Ciudadanos Verdes. El equipo de la Escuela de Comunicación Social – UCV conversó con él para conocer su postura con respecto a los actos de crueldad animal en el país.

¿Cuál es la misión de Animanaturalis?

—Animanaturalis es una organización internacional con presencia en 7 países.  Nuestra misión es informar sobre los derechos animales en los países de habla hispana. Nos basamos en cuatro principios básicos: los animales no son para comer, vestir, experimentar ni divertirnos. Acudimos a cualquier órgano gubernamental que nos permita trabajar en una mejor legislación para todos los animales sin excepción y tenemos actividades de calle cuando la situación lo amerita.

¿Cuáles son las estrategias que utiliza la organización para velar por los derechos de los animales?

—En primer lugar, a través de las movilizaciones populares. Ninguna iniciativa tendrá éxito si no tiene el respaldo de la gente. Nosotros no podemos hacer que las personas reaccionen. La población no entiende que un elefante en el circo sufre. Lo mismo ocurre con una vaca, un cerdo, un pollo o un toro. La mayoría de las personas se sensibilizan por los animales más cercanos, llamativos o simpáticos, pero se les dificulta pensar que los animales que no son estéticamente atractivos tienen sentimientos. Por eso hablamos de legislaciones sin excepciones. La única diferencia que hay entre los derechos humanos y los derechos animales es que aquellos que abogan por los derechos humanos son las víctimas, en el caso de los animales somos nosotros los que debemos hablar por ellos.

Muchas personas tienen una preferencia marcada por alguna especie animal. ¿Cree que en  algún momento se pueda ganar la batalla contra el especismo latente  en Venezuela y el resto del mundo?

—Las cosas se están dando. Por ejemplo, hoy la cacería de ballenas se ve como abominable en casi todos los países. Esto en los años ochenta no se veía de esa manera. Otro ejemplo es que en California se acaba de prohibir el foi gras por lo cruel que se les trata a los gansos. A medida que nosotros vayamos difundiendo lo que está ocurriendo poco a poco incrementarán los logros.

Tengo entendido que en El Hatillo y Valera ya no se permiten las corridas de toros y se está negociando actualmente que en Maracaibo tampoco se hagan. ¿Usted cree que estas medidas puedan aplicarse en algún momento para todo el país?

—Si no hubiese existido movilización popular en esos municipios, no habría pasado absolutamente nada. Las ordenanzas municipales de El Hatillo, Valera, Maracaibo y Chacao dictan que a los animales domésticos no se les puede torturar ni mutilar. Pero hay algunos municipios que tienen tradiciones en las que los toros no son considerados como animales domésticos. Por eso acudimos a la defensoría del pueblo. No hay ninguna excepción en esta ordenanza ni tampoco en la ley de protección animal, donde está prohibido su matanza sin importar la especie.

Muchas personas consideran que las corridas de toros, las peleas de gallo y los toros coleados son actividades tradicionales en Venezuela. Si alguien intentara desmontar su postura con este argumento, ¿qué le contestaría?

—En Venezuela las peleas de gallos llegaron a través de los españoles, pero hoy en España están prohibidas. Se dice que este es “el deporte de los caballeros”, porque las apuestas se hacen verbalmente, pero en realidad no se firma ningún papel porque las apuestas son ilegales. No veo ningún argumento válido para mantener esta tradición. Por otra parte, los toros coleados están registrados como deporte nacional. Entiendo que en el Instituto Nacional de deporte los logros se miden por medallas, pero ¿dónde está la ética?, ¿cómo  una medalla puede ser más importante que una vida?

¿Cree que hay suficiente apoyo gubernamental para garantizar la protección de los derechos animales?

—No. Nunca será suficiente.

Tuve la oportunidad de leer una publicación que usted escribió donde realizaba una comparación entre la experimentación animal y el holocausto. Tomando en cuenta  que   en  el mes  de septiembre se inició una campaña de profilaxis canina    en Margarita, ¿considera que esta medida también es comparable con el holocausto?

—Las cifras oficiales dicen que en el holocausto de la segunda guerra mundial murieron alrededor de 5 millones de judíos entre 1939 y 1945, mientras que hoy 90 segundos mueren 5 millones de animales en el mundo como víctimas de la experimentación, alimentación y entretenimiento. Sigue la comparación con el holocausto. A los judíos se les consideraban animales. Entonces, ¿si nosotros tratáramos bien a los animales no trataríamos bien a las personas? Tenemos que empezar a sensibilizarnos por las cosas que pasan a nuestro alrededor, si no el mundo no va a cambiar.

Ante la sobrepoblación de perros callejeros, ¿cuáles considera que eran las medidas que debían tomarse para no afectar la integridad de los animales ni la salud de los ciudadanos?

—Los exterminios de perros no solucionan nada. Esa fue la peor medida que pudieron tomar: primero, por la crueldad hacia el animal; segundo, porque se contaminan las calles; tercero, porque esos venenos deberían estar prohibidos. Todo gobierno regional debería  impulsar tres pasos: adoptar, cuidar y esterilizar. Si eso se lograra en cada casa, se acabaría el problema de la sobrepoblación.

Se comenta que  “somos lo que comemos”. ¿Cree que maltrato animal comienza desde la mesa?

—No, viene desde mucho antes. De nada sirve defender a los animales y comer carne, pero una persona puede ser vegetariana y maltratar a un animal. Sin embargo, una persona que se considere defensor de los animales no se los debe comer.

¿Qué considera que hace falta para que en  Venezuela se consolide una cultura de respeto a la vida animal?

—Que los defensores de animales se respeten entre ellos. Aunque en Venezuela el movimiento animalista es muy unido en comparación con otros países. Otro punto importante es que quien maltrata a los animales también merece respeto, porque no sabe lo que está haciendo. Ninguno de nosotros nació aprendido. No hay que atacar a esa persona, sino hacer que cambie. Como dice el fundador de Animanaturalis: “todo vegetariano tuvo un pasado, pero todo carnívoro tendrá un futuro”, esa debe ser nuestra premisa.

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